A propósito de la religión en la comunicación audiovisual contemporánea

El entretenimiento post- secular sugiere sutilmente que religión y espiritualidad aún son necesarias en la cultura occidental
Imagen 1. Doubt (cartel promocional). Fuente: Miramax Films.

Los medios de comunicación, sobre todo el cine y la televisión, han tenido desde sus inicios una relación intrínseca con la religión. La ficción ha permitido presentar un abanico de historias de los aspectos más negativos, pero también de los positivos, de este sistema espiritual de creencias, costumbres y símbolos, a la vez que les ha añadido dramatismo, espectáculo.

La televisión, y el cine, han roto con ciertos tabúes sociales existentes, y han creado un imaginario social y religioso propio, actuando como elementos disruptivos e innovadores. Las series televisivas, sobre todo aquellas que provienen de plataformas de streaming como Netflix, Hulu, HBO, Starzplay, etc. actúan como repositorios para los mercados de difusión comercial con una gama amplia de productos y ofertas religiosas, creando así un ecosistema donde la religión toma un carácter internacional mediante la proyección de multiplicidad de historias de una misma religión.

La televisión, y en particular le series televisivas, tienen el poder de transformar y jugar con la veracidad de ciertos incidentes e historias reales, véase The Crown (Netflix, 2016-), exponer (y en ocasiones influenciar) a audiencias diversas e internacionales con una nueva manera de hacer, pensar o être. A menudo, mediante historias individuales que representan a todo un colectivo religioso, como el último hit de Netflix titulado Unorthodox (2020-), en la que mediante la historia de Etsy se muestra a la comunidad ortodoxa hasídica de Williamsburg (NYC). En cierto modo, todo esto permite que las series, puedan desarrollar una conciencia de la existencia de diferentes y diversos mundos (o filosofías de vida), a una audiencia que por su contexto social, cultural, histórico, económico o político o por la intersección de varios éstos le sería imposible conocer.

Por tanto, mediante la ficción mediática, muchos espectadores de estos productos obtienen un conocimiento o comprensión de ciertos aspectos religiosos. La televisión se presenta como un arma de doble filo; por un lado, es un espacio de evasión, y por otro, un espacio educativo (edutainment).

Además, los diferentes medios, pueden tratar la religión desde múltiples vertientes: institución, fe, espiritualidad, etc. Conviene destacar, que en este artículo de reflexión ponemos especial atención en narrativas europeas y estadounidenses, que comporta una visión de carácter etnocéntrico e institucional, a diferencia de otros posibles enfoques.

Con la caída de las metanarrativas y la crisis de la fe moderna, la televisión y el cine acertadamente critican vorazmente distintos aspectos religiosos. Por una parte, los escándalos religiosos como la pederastia con películas como Spotlight (McCarthy, 2015), las críticas sobre el racismo con filmes como Doubt (Shanley, 2009), o las críticas a las organizaciones religiosas con un tono sectario como The Master (Anderson, 2012).

Por otra, el tratamiento de la convivencia de la religión con otras disciplinas, como la ética y la sanidad, explorada en filmes como Camino (Fesser, 2008), la indudable conexión entre la iglesia católica y el franquismo, en la que incluso en la educación asume un rol directo, y es que el sistema educativo estaba controlado por la iglesia, convirtiendo la educación en un adoctrinamiento con una doble vertiente: la religiosa y la histórico nacionalista, analizado en Los Girasoles Ciegos (Méndez, 2004).

Y finalmente, las tensiones entre la comunidad religiosa, la comunidad LGBTIAPQK y el género. Desde terapias de conversión guiadas por motivos religiosos como en Boy Erased (Edgerton, 2018) o The Miseducation of Cameron Post (Akhavan, 2018), a narrativas donde la mujer rompe con los valores e ideales impuestos por su religión, como Disobedience (Lelio, 2017), Bend it Like Beckham (Chadha, 2002) o Lemale et ha’halal (Burshtein, 2012).

Imagen 2. Unorthodox (cartel promocional). Fuente: Netflix.

Asimismo, las series televisivas también son críticas con ciertos estereotipos creados por ciertas representaciones previas del mismo medio. Por ello, muestran narrativas donde el o la protagonista en cuestión muestra la religión como una elección libre, una decisión individual (no impuesta) que le permite tener una vida comunitaria y estilo de vida espiritual basado en la fe, que le resulta beneficioso personalmente, por ejemplo Never Have I Ever (Netflix, 2020-) con una protagonista feminista practicante hindú; o Skam España (Movistar +, 2018) con una protagonista feminista musulmana practicante (por primera vez en una serie española).

Desgraciadamente, esto no exime a la televisión de haber caído (y seguir haciéndolo) en estereotipos o caricaturas que no son fidedignas con la realidad, como se puede ver en Aladdin and the King of Thieves (Stones, 1999) o Indina Jones Lost Ark (Spielberg, 1981) en relación a la representación del Islam ya que lo conectan con la violencia;  o la representación de un catolicismo conservador único en lacomunidad latinoamericana en Jane the Virgin (The CW, 2014-2019).

La siguiente reflexión propone 8 grupos (aunque se pueden contemplar la posibilidad de otros posibles) en los cuales la televisión mediante la personificación de la religión en un individuo representa a todo a un colectivo.

  • Televangelistas: Se refiere al conjunto de predicadores televisivos, establecidos como autoridades religiosas, pero que con frecuencia utilizan la fe de sus audiencias para obtener ganancias económicas. Son ejemplo: Todd Coontz o Kenneth Copeland.
  • Religión a través de la inmigración: Narrativas que giran en torno a la integración de una nueva sociedad, cultura e incluso religión, suelen ser personajes inmigrantes de primera o segunda generación que pasan por un proceso de negociación entre la religión familiar y la predominante del nuevo lugar de residencia. Son narrativas basadas en el sufrimiento, al rechazo, las contradicciones entre las generaciones familiares, a menudo porque los hijos/as no se conforman o identifican con ciertos aspectos de la religión familiar predominante como el género, la homofobia, los matrimonios concertados, etc. Estas narraciones también sirven para mostrar las discriminaciones que los inmigrantes e incluso los que corresponden a la segunda generación sufren; desde discriminación racial, a rechazo por el uso del hiyab o pelucas (por ejemplo, en el caso de los judíos ortodoxos), y la manifestación de la islamofobia surgida de una visión terrorista del islam.
  • Religión a través de la radicalización: Esta categoría se refiere a esas series televisivas que muestran la radicalización de las religiones a nivel terrorista, como por ejemplo Kalifat con la captación de suecos islamistas para el estado del ISIS, al conservadurismo extremo, con 19 & Counting (TLC, 2008-2015), Breaking Amish (TLC, 2012-2014), Welcome to Plathville (TLC, 2019-), etc.
Imagen 3. Kalifat (cartel promocional). Fuente: Netflix.
  • La religión a través de la historia: Se explora la religión a partir de sus vínculos con acontecimientos históricos, desde el nazismo (1933-1945) y el holocausto con la comunidad judía, explorado en films como Lore (Shortland, 2012) o Resistance (Jakubowicz, 2020); al catolicismo y el franquismo (1939-1975) como el famoso discurso final de 13 Rosas (Martínez-Lázaro, 2007) o el Florido Pensil (José Oporto, 2002). También su vínculo con aspectos socioculturales, intrínsecamente ligados a hechos históricos, como por ejemplo el asentamiento de la inmigración hasídica en New York. 
  • La religión a través de las obras literarias: Narrativas religiosas o histórico-religiosas populares, incluyendo best-sellers, que son traducidas a formatos audiovisuales. Tales como: El nombre de la rosa, El diario de Ana Frank, El Código Da Vinci, Girasoles Ciegos, etc.
  • El género y la religión: Son narrativas que a menudo critican el trato del género femenino en la religión, ya que éste suele tomar un segundo rol, quedando sumiso bajo una capa de sufrimiento, abuso, intolerancia, etc. Son historias que muestran las pocas expectativas de ciertas religiones en cuanto a la relación de igualdad de género (roles tradicionales, oposición a ciertos o todos los derechos reproductivos y anticonceptivos, juicios de valores morales, homofobia, etc.). Sin embargo, también podemos destacar narrativas de esperanza, en las que la mujer, su fe y su práctica religiosa avanzan apoyándose en el empoderamiento femenino y la tolerancia. Por ejemplo, el personaje de Adena (mujer musulmana practicante y lesbiana) en The Bold Type (Freeform, 2017-).
  • El creacionismo: Narrativas que muestran y caricaturizan la creencia religiosa referida al origen del universo y la vida mediante creación divina, como se puede ver en distintos episodios de The Simpsons (FOX, 1989-). Además, a menudo se juega con el simbolismo de Adán y Eva en la cultura popular, desde la manzana de Blancanieves al opening (títulos de crédito) de Desperate Housewives (ABC, 2004-2012) o/y hasta la serpiente de Lord Voldemort.
  • Los valores del “feel good”: Narrativas relacionadas con el concepto de Dios, como ente que nos protege, vigila, hace milagros, visto en películas como Breakthrough (Dawson, 2019) o Miracles from Heaven (Riggen, 2016). En esta categoría también se remite a la tensión entre estado y religión, sobre todo des de la perspectiva estadounidense del God Bless America, analizada en filmes como Most Hated Woman in America (O’Haver, 2017). Y finalmente, la presentación del antagonismo entre creyentes practicantes (sobre todo cristianos) a los que se les confiere mejores valores morales que a aquellos que no son creyentes o practicantes, explorado en Sweet Magnolias (Netflix, 2020-)

Síntesis de las principales aportaciones de la autora de esta entrada en los Diàlegs de Pedralbes sobre “Cinema actual i transformacions de l’espiritualitat” en los que participaron Camil Ungureanu (UPF), Mar Rosàs (URL) y Marta Lopera (UPF), y que tuvieron lugar en Barcelona, 10 de diciembre de 2020.